El tango tiene sus campeones porteños
Se impusieron entre 605 duplas. Dos de ellas, van directo a las finales del Mundial que larga en agosto.
Mónica Ponce y Néstor Castillo forman un matrimonio que lleva una vida bailando en pareja y que hace 13 años cambió el ballet por el tango. Liada Mantovani y Cristhian Sosa, en cambio, se conocieron hace apenas un mes, cuando andaban buscando una pareja para poder competir. Y Sara Parnigoni y Jorge Mariño son una italiana que en Varese bailaba danzas caribeñas y un porteño que mamó el tango desde chico, y que hace tres años andan juntos por las milongas de Buenos Aires.
Lo que todos tienen en común es que el sábado se consagraron campeones metropolitanos de baile de tango en las categorías Adulto, Senior y Milonga y Vals, y los primeros dos obtuvieron el derecho a representar a la Ciudad en el Mundial, que se hará en agosto en Buenos Aires, con la participación de bailarines de todo el mundo.
Mónica Ponce advierte que el hecho de ser argentinos no les dará ventajas en el Mundial. “Hay un nivel muy alto y afuera bailan muy bien. Nosotros hemos viajado mucho y en Europa es admirable la disciplina que tienen los bailarines para aprender y ensayar el tango”, dice. Con conocimiento de causa lo refrenda Sara Parnigoni, quien llegó a Buenos Aires desde Italia en enero de 2002, justo cuando decenas de miles de argentinos hacían el camino inverso por el estallido de la crisis. “Antes -asegura- era verdad que los argentinos tenían ventaja. Pero ahora ya estamos más allá de esos límites. Hoy el tango es de todos”.
“Lo que más les gusta a los extranjeros del tango es el abrazo. No hay ninguna otra danza en el mundo que tenga un abrazo en serio como tiene el tango”, cuenta Lida Mantovani, quien tiene una historia particular. Nació en España, de padres argentinos, y hace nueve años vino a vivir al país, primero a Rosario y luego a Buenos Aires. En España bailaba danza clásica, pero a la Argentina llegó con la idea fija de dedicarse al tango, para encontrar sus raíces perdidas.
Su pareja, Cristhian Sosa, era el más emocionado el último sábado, cuando se disputó la final y se anunciaron los ganadores, en el Teatro del Colegio San José. Fue la culminación de una larga y cansadora competencia que se desarrolló en 22 milongas tradicionales de distintos barrios de Buenos Aires y en la que participaron 605 parejas. “Dos veces nos habían dejado afuera en las pruebas de clasificación. Y yo en un momento le dije a Lida que no quería participar más, porque tenía miedo de pasar vergüenza cuando el campeonato avanzara”, cuenta.
Jorge Mariño pide que figure en la nota un agradecimiento a sus padres, que le enseñaron a bailar y escuchar el tango desde chiquito. Néstor Castillo de alguna manera lo explica, cuando dice que “el tango es algo tan nuestro que es la gran ilusión de todos los bailarines argentinos. Y una vez que lo empezamos ya no lo podemos largar nunca”.
Fuente: Clarín.com



