El baile atrapa a los rosarinos

Lunes, Mayo 25th, 2009 | Noticias

Por las venas de Rosario corren, entre muchas otras cosas, ritmos. Bailes de orígenes disímiles a los que los niños, jóvenes y adultos se vuelcan con pasión. “Disculpe, no hay más localidades, incluso hay gente parada, ya no entra una persona más”, dice amablemente la joven que vende las entradas en un bar centrico donde se ofrece un espectáculo de flamenco. Situaciones similares se repiten en otros bares o restaurantes, clubes de barrio, teatros grandes o pequeños, milongas o tanguerías esparcidas a lo largo y ancho de la ciudad.

En el centro y en los barrios, Rosario se baila. O se va a aprender o se reúnen para hacerlo, y hacen lo que más les gusta. Y toda la actividad tiene un plus: la risa. Ese gesto que por sí sólo mueve cientos de músculos, dándole valor a los otros.

El baile es un incentivo para estar mejor. Así, sin aspiraciones a llegar a ser Isadora Duncan, Margot Fontein o Julio Boca, la danza produce bienestar, deja atrás contracturas y carreras que impone el posmodernimo, y además divierte. Amén que nuclea a la gente a compartir lo amable, seductor y divertido que tenemos los humanos, pero que muchas veces se mantiene oculto por las obligaciones.

Sin embargo, y esto hay que decirlo, más allá de políticas de Estado, los rosarinos salieron a bailar y no sólo a los boliches sino a perfeccionarse. Desde tango (por supuesto), hasta salsa, danza africana, contemporánea, rock and roll, ballet, flamenco, además de todos los bailes típicos que trajeron los inmigrantes de las tierras más lejanas, y que cada comunidad conserva como si fuera una reliquia.

La danza o el baile son casi tan antiguos como la humanidad misma. Y no siempre tuvieron el mismo destino sino que fue variando a través de las épocas. Aunque desde sus inicios se valieron de los mismos instrumentos: el movimiento corporal y la música, así fuera la del viento, nada más. Las cosas fueron cambiando: hubo momentos menos ornamentales y escenográficos que otros.

¡A moverse!

Ahora y tal vez empujados por las crisis de todo tipo, las personas van donde pueden expresarse armoniosamente con sus cuerpos, cantar, tararear, encontrarse con sus pares y pasar un buen rato.

Pero la cosa no termina allí. En nuestra civilización la danza se perfeccciona en la Europa del medioevo. Entonces también servía como ritual previo de las batallas o las guerras con espadas y lanzas incluidas. Y esta situación tan varonil o valiente (en ambos bandos), sin féminas a la vista, al parecer funcionaba como incentivo para llegar al campo de batalla con mayor ímpetu y espíritu bélico. La masculinidad era exclusivamente un detalle, lo más importante era convenir con los dioses la victoria armada, cueste lo que cueste, más allá de las estrategias militares.

Pero pasando las hojas de la historia no hay equívocos en la danza, sobre todo en aquellas de salón, donde se arreglaban negocios, guerras, armisticios y también matrimonios. Cuando no feroces disputas por un o una amante. En esos momentos no existía la improvisación, por el contrario, cada compás acompañaba un movimiento, inclinaciones, era todo un arte que debía aprenderse.

Algunas veladas eran sólo para escuchar el instrumento en cuestión y otras una orquesta que amenizaba los grandes salones de la nobleza. Pero el pueblo o el vulgo de aquellas épocas tenía sus propias rondas, y el ser humano siempre se las ingenió para acompasar los ritmos que imperaron en cada época. De muestra vaya un botón: si a última hora quiere ir a taconear o sacarle viruta al piso, es mejor que no lo haga si no tiene su reserva. Cientos de boliches abiertos todo el año, milongas, rincones criollos, tablaos flamencos, danzas contemporáneas, árabes, danzas con telas o acrobáticas, ballet clásico, comedias musicales, murgas, tangos for export y de los nuestros, música “pinchada”, reegae, danzas africanas. Ofertas no faltan y demanda tampoco.

Mucha agua ha corrido bajo el puente y la historia no pide permiso y se mete con nosotros de todos los modos posibles.

La economía regula un mundo cada vez con mayores falencias visibles y como en todos los momentos de la historia, los oscuros y los luminosos, el arte no se queda quieto. Y mucho menos la música, que puede aparecer apenas con un silbido o el sonido de una mano contra un tacho. El pensamiento y la cultura cambian. Se rompen los moldes, se crean otros, y cada uno elige los suyos.

Ya las mujeres no deben esperar que un hombre les haga un guiño para poder bailar. La seducción sigue estando así como las ganas de captar miradas, aunque no se disputen trofeos de guerra.

Dice la Real Academia Española que el término bailar posiblemente provenga del antiguo griego, aunque no descarta un vocablo germano como origen del verbo. En todos los diccionarios hay algo que no se discute: la danza es un movimiento acompasado por un ritmo determinado que reúne a varias personas alrededor de la música, con un objetivo común. Y más allá de lo académico eso es lo que está pasando en Rosario.

Fuen

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